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Arturo Uslar Pietri

 

arturo uslar pietri


Nació en Caracas el 16 de mayo de 1906, fue un polímita: abogado, periodista, escritor, productor de televisión y político venezolano. En su país ha sido considerado como uno de los intelectuales más importantes del siglo XX.

 Fue hijo de Arturo Uslar Santamaría y de Helena Pietri Paúl de Uslar, hija del doctor y general Juan Pietri Pietri. Un oficial alemán que luchó en la batalla de Waterloo y por la independencia de Venezuela, al general Carlos Soublette y a Juan Pietri.

 Los primeros años de Uslar Pietri transcurrieron en Caracas, donde cursó estudios en una escuela de primeras letras “la Escuela Unitaria de Alejandro Alvarado” y luego en el colegio de los padres franceses, ubicado en la esquina Mijares.

 En junio de 1923 aparece su primer cuento, El silencio del desierto en la revista Billiken y en octubre retorna a Caracas a cursar Derecho, única alternativa para quienes tenían vocación humanística o literaria, en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela.

billiken


 En 1930 se producen dos acontecimientos que marcan la historia literaria y política venezolanas. En el primero, Uslar Pietri juega un papel de primer orden: el 5 de enero de ese año se publica el primer y único número de la revista Válvula, en la cual si bien participan 29 colaboradores. Uslar escribe cuatro de los textos incluidos entre los cuales el editorial Somos y el artículo Forma y Vanguardia, considerados como las piezas programáticas del movimiento vanguardista; y en septiembre publica su primer libro de cuentos, Barrabás y otros relatos. Los especialistas coinciden en afirmar que ambas publicaciones constituyen un punto demarcatorio en la literatura venezolana.

 Uslar Pietri murió en su casa del sector de La Florida, Caracas, el 26 de febrero del año 2001 a los 94 años de edad. Fue cercano a Hugo Chávez antes de que este llegase al poder, pero progresivamente comenzó a alertar sobre el rumbo que llevaba su país puesto que era de ideas socialistas, e hizo oposición al gobierno de Chávez. Este último lamentaría públicamente la muerte de Uslar Pietri.

 


 Uslar Pietri escribió durante toda su vida sobre el desarrollo político de su país. Desde las páginas de los diarios nacionales fue un duro crítico, en especial desde su conocida columna El Pizarrón (del periódico El Nacional), la cual dejó de escribir en 1998.


Algunas de sus obras más resaltan tes fueron:

         1945: Sumario de economía venezolana para alivio de estudiantes.

         1948: Letras y hombres de Venezuela.

         1949: De una a otra Venezuela.

         1951: Las nubes.

         1952: Apuntes para retratos.

         1955: Pizarrón.

         1955: Breve historia de la novela hispanoamericana.

         1981: Cuéntame a Venezuela.

         1981: Educar para Venezuela.

         1984: Venezuela en el petróleo.

         1986: Medio milenio de Venezuela.

         1986: Raíces venezolanas.


pizarron   cuentame a venezuela 


 las nubes    de una a otra venezuela

Ensayo de Arturo Uslar Pietri

"De una a otra américa"

de una otra venezuela 2


Esto que muchos llaman la América Latina es, de modo muy significativo, el mundo al que se le ha arrebatado el nombre. Siempre ha habido una metáfora o un equívoco, o una razonable inconformidad sobre su nombre. Nuevo Mundo, Indias, América fueron otras tantas denominaciones del azar y hasta de ignorancia. Cuando en su mapa Martín Waldseemüller puso en 1507 el auspicioso nombre, lo colocó sobre el borde de la masa continental del sur. La parte del hemisferio norte no vino a llamarse América sino tardíamente.

  Desde que en 1776 las antiguas colonias inglesas del norte se proclamaron independientes y a falta de designación propia optaron por la elemental definición política de Estados Unidos de América, que definía someramente su forma de gobierno y su situación geográfica, se planteó el problema del nombre para el sur. Cuando se hizo visible y poderosa la expansión y la fuerza del nuevo país, el nombre de americano vino a serle atribuido de un modo creciente. Para franceses e ingleses del siglo XVIII, Benjamín Franklin era el americano y en cambio un hombre como Francisco de Miranda, que podía encarnar con mejores títulos la realidad del nuevo mundo, era un criollo, un habitante de la Tierra Firme, o un exótico indiano.

  El hecho de que el nombre no corresponda exactamente a la cosa no es lo importante. Ningún nombre corresponde exactamente a la cosa que designa. Arbitrarias y caprichosas en su origen fueron igualmente designaciones como Asia, África o Europa para no hablar de Italia o aun de España. El problema ha sido la falta de una identidad suficiente y segura.  Larga, difícil, no concluyente y cuatricentenaria es la busca de identidad de los hijos de la otra América, de ésa que se designa todavía por tantos nombres objetables y casi provisionales como Hispanoamérica, América Latina, Ibero-América y hasta Indo-América. La presencia de ese cambiante complemento revela la necesidad de una no bien determinada diferencia específica con el género próximo.

  Poco importaría el nombre viejo o nuevo, ingenioso o llano, si detrás de su planteamiento no se revelara una no resuelta cuestión de definición y de situación. Ha tenido mucho que ver en todo esto la peculiar actitud del latinoamericano con el lugar y la hora. Ha sido la suya, desde el inicio, una situación para ser cambiada. Más que en ningún otro ámbito histórico se ha pensado allí en términos de porvenir y lejanía. Más que el hoy ha importado el mañana, más que lo visible lo invisible y más que lo cercano lo lejano. La búsqueda de El Dorado es una instancia ejemplar y extrema de esa mentalidad. Poco importaba la ranchería escueta y escasa de riqueza en que se hallaban, ante la idea de que estaban en el camino de El Dorado. Siempre se encontraban frente a una inmensidad por conquistar, ante la cual lo conocido y poseído resultaba desmesuradamente pequeño. Había un más allá en el espacio y el tiempo donde todo sería bueno y abundante.

  Desde la llegada de los conquistadores se miró más el futuro que el presente. Venían a hacer «entradas», a conocer tierras nuevas, a buscar tesoros, a fundar para el mañana, con un proyecto en la imaginación.

  Influyó en esto el hecho de ser América el primer gran encuentro del hombre moderno con un espacio geográfico totalmente desconocido y en gran parte vacío. Más importante que lo que había era lo que se podía hacer. El hecho mismo de llamarlo Nuevo Mundo revela esa concepción visionaria. No venían a sojuzgar ciudades y países sino a fundar lo que no existía y sin tomar mucho en cuenta lo que existía. Se crearon reinos, gobernaciones y provincias como un arquitecto traza en el papel el edificio por construir. Más que el presente importaba lo que podía ser hecho para el futuro. Se iba a hacer una Nueva España, una Nueva Castilla, una Nueva Toledo, a fundar la Orden de los Caballeros de la Espuela Dorada, o simple y llanamente, la Utopía de Tomás Moro.

  La América Latina fue concebida como un proyecto. Todo lo que dicen los documentos oficiales más antiguos se refiere a lo que se puede hacer aquí. Esto va desde las Cartas de Colón hasta los discursos de Bolívar, desde la visión futurista y asombrada del jesuita Acosta en el siglo XVI hasta la descripción de las posibilidades del porvenir de que está llena la obra profética de Humboldt al final del período colonial.

  La independencia misma tiene más que ver con un proyecto de futuro que con una realidad de presente. Es esa su mayor característica. Hay que crear para el mañana la más perfecta república que la humanidad haya conocido. No importan las limitaciones y los obstáculos del presente. Cuando en 1811 el Congreso venezolano dicta la primera Constitución hispanoamericana no parece tomar en consideración la situación real del país ni sus instituciones vigentes, ni su organización social o su economía, sino que se lanza, exento y libre de toda atadura con la realidad circundante, a invocar un orden político que requería la transformación de toda la realidad existente para poder funcionar. Se iban al más remoto pasado o se lanzaban al más utópico futuro. Todo menos al presente. Por lo demás, el pasado remoto, actualizado o resucitado, de una leyenda dorada ha sido una forma tradicional del pensamiento revolucionario. La revolución, en el fondo es una nostalgia, una tentativa de volver a la olvidada y perdida Edad de Oro.

  En los papeles de los creadores de la revolución hispanoamericana surge ese desdén por lo inmediato. En el archivo de Miranda abundan los testimonios de esta actitud mental. Miranda observa y estudia el funcionamiento de las más avanzadas instituciones políticas de la Europa de su tiempo, desde el ejército y los hospitales, hasta los jardines y el Parlamento, para transportarlos en su oportunidad al Nuevo Mundo, pero a la hora de darle un nombre al jefe de ese inmenso Estado nuevo que se iba a extender desde México hasta la Argentina, no encuentra ninguno mejor que el del Inca. Un Inca iba a presidir la vasta república mirandina, estructurada sobre las más modernas formas políticas ensayadas por Inglaterra y por la Revolución Francesa.

  El primero que se percata del riesgo de esta posición es Bolívar, que en el Manifiesto de Cartagena y, sobre todo, en 1819, en el Discurso de Angostura, señala el reiterado error de no tomar en cuenta la realidad social creada por la historia. No tuvo buen éxito este llamado al orden. El continuo batallar del siglo XIX está expresado en proclamas utópicas que muy poco tienen que ver con la realidad circundante. Se buscaba una perfección política abstracta y se la quería para mañana.

  Todo esto que no ha dejado de ser visto caricaturescamente, tiene una innegable grandeza trágica. Tantos años de lucha y de enfrentamiento destructivo en las naciones hispanoamericanas pudieron ser vistos con orgulloso desdén por los Estados Unidos de la época y por las grandes potencias europeas, como una muestra de inferioridad o de incapacidad para la vida civilizada. También vinieron los positivistas con su diagnóstico pesimista a señalar las invencibles fatalidades de clima, raza y momento que nos condenaban a la barbarie o a la impotencia para la vida civilizada. Pero un pueblo que por tanto tiempo y con tanta pasión se da a luchar en busca de promesas de justicia, de libertad y de igualdad, revela una fibra moral extraordinaria. Hubiera sido ciertamente más útil y productivo resignarse a lo posible, trabajar dentro de lo dado y renunciar a buscar las formas superiores de la dignidad humana, pero se escogió tenaz y mayoritariamente el riesgoso y difícil camino de lo absoluto.

  Se ha hablado a este respecto del «nominalismo» hispanoamericano. Creer que el nombre es la cosa, que proclamar la república es la república, que decretar la igualdad es la igualdad. Algo de ello hay, pero no es todo. Si hubiera sido todo, los pueblos habrían permanecido quietos o hipnotizados junto a los renovados altares sobre los cuales se habían puesto los nuevos ídolos de los grandes principios liberales. No fue así; cada vez que la promesa o la esperanza no se transformó en realidad tangible, se reencendió la lucha. Lo que provocó las largas guerras que —112→ en el siglo pasado desgarraron a casi todo el mundo hispanoamericano y que tiene sus puntos culminantes en vastos conflictos colectivos como la guerra de las Reformas en México, la cruzada contra Rosas en la Argentina o la Guerra Federal en Venezuela, no era sólo la proclamación de un dogma político sino una sed de justicia que en las formas más variadas y a veces ingenuas alcanzaba a todas las capas sociales.

  No merece tanto desdén y burlona conmiseración un mundo que ha sido capaz de luchar tanto y por tan largo tiempo por los más altos ideales humanos. Sin embargo, desde los días de la reina Victoria y de la Tercera República francesa, ha habido una América digna de admiración por su riqueza, sus virtudes y su creciente poderío, que era la constituida por los Estados Unidos y acaso por el Canadá, y la otra América, tierra caliente, pintoresca y primitiva, buena a lo sumo para colonizar y explotar. Tierra de loros, vicuñas, indios emplumados, gauchos y caudillos ignaros. También de algunos exóticos productos coloniales: cacao, café, ron, melaza, tabaco y pieles, y de extraños e impuros poetas.

  No era fácil, no lo ha sido nunca, identificar a la América Latina, que presenta tantas y tan contradictorias faces, por dentro y por fuera. Lo que parece su contradicción no es sino una forma de su mezcolanza no conciliada. Está llena de la pugna de las reliquias y de las novedades. Medio siglo después de que Humboldt oía con asombro discutir de las mayores novedades políticas mundiales en el viejo camino empedrado de La Guaira a Caracas, Sarmiento describía la detenida vida del siglo XVII en Mendoza. Y cuando Bolívar llega al Cuzco en 1825 debió de tener la sensación de mirar abierto un profundo corte transversal al través de la historia. Juntos, superpuestos y escasamente mezclados estaban allí gentes, hábitos y piedras de la vida incaica junto a las iglesias castellanas, a los frailes de misión y doctrina, a los doctores en «Utraque» y a un ejército que traía, junto con su gruesa pólvora, ideas de Rousseau y Montesquieu. Pudo tener al mismo tiempo en una mano el pendón de Pizarro y en la otra un proyecto de Constitución democrática. Lo saludaban con las viejas palabras ceremoniales del Inca o del Virrey y él hablaba de ciudadanos y república.

  Hubo una edad española que se quedó detenida y retrasada en tierra americana. Lo dice la lengua que evolucionó más lentamente, lo dice el arcaísmo no sólo de voces, sino de usos que pervivió en la vida de los criollos de clase alta. La llegada de los Borbones al trono de España se sintió en América tardía y superficialmente. En lo esencial sobrevivieron el mundo y los valores de la casa de Austria.

  Aquel cristiano viejo de Castilla, que era el heredero de una larga historia del encuentro de cristianos, moros y judíos en la península y que llegaba, como lo ha señalado Américo Castro, lleno de inquebrantable casticismo, no sólo vino a hallarse en un medio geográfico y social distinto, sino en presencia de otras razas con otras culturas. No es mucho lo que todavía sabemos del vasto y profundo proceso de mestizaje —113→ cultural que tan dramática, dolorosa y ricamente ocurre en las nuevas tierras. Desde la disposición de la ciudad hasta la arquitectura del templo, desde el lenguaje hasta la condición del trabajo, desde el culto hasta la cocina, desde las formas de cultivar hasta las relaciones de familia y de sociedad, la presencia del indio y del negro se hace sentir con los más variados aportes. Lo que pasa en la América Hispana en esos tres siglos no se parece a nada de lo que ha ocurrido en otros continentes en los encuentros entre europeos y nativos. No pasó en la América del Norte, ni ocurrió tampoco en África o en Asia en los espacios de dominación inglesa o francesa.

  No hay el equivalente de un Inca Garcilaso en la América anglosajona. No se creó un barroco africano o asiático como legado del encuentro con los europeos. No surgieron nuevas formas sociales o artísticas, sino que se superpuso lo europeo a lo indígena, la zona de contacto fue estrecha e inerte, la iglesia presbiteriana junto al templo indostano, o la minoría europea aislada de la mayoría autóctona. No se pudo dar un Sarmiento africano ni un Caspicara o un Aleijadinho angloamericanos. No podían darse porque el hecho fundamental del que esos hombres y esas creaciones surgieron, que fue el mestizaje cultural y racial, no se dio en ninguna forma significativa y poderosa ni en el norte de América ni en África ni en Asia. Culturalmente hubo, avant la lettre, un apartheid.

  Si los Estados Unidos pudieron apropiarse para sí, frente al mundo, el nombre de América, relegando y obligando a las otras tres cuartas partes del continente a buscarse un apellido u otro nombre, no ha sido por una hábil jugada o por una afortunada promoción publicitaria.

  Ha sido fundamentalmente el efecto del inmenso desnivel de desarrollo y poderío entre ellos y el resto de América. Ha tenido inmensas consecuencias de toda índole en la redondez de la Tierra el hecho espectacular de que en menos de dos siglos las trece colonias marginales de Inglaterra en la costa americana del Atlántico Norte se convirtieran en la más grande potencia económica, tecnológica y militar del planeta.

  Con sorprendente rapidez y eficacia lograron tomar posesión útil de la inmensa masa continental que iba de océano a océano y establecer un sistema económico y un sistema de simples y efectivas libertades públicas.

  Muchas han sido las causas y las explicaciones que se han dado para tan grande diferencia de crecimiento en las que entran desde el clima y la calidad de la tierra, hasta la ética protestante y la libertad económica. Es la reaparición en territorio americano, en forma tajante y dramática, de la división de destino y mentalidad que la reforma protestante ocasionó en Europa, entre el Norte que creó el capitalismo, el racionalismo y el régimen parlamentario y el sur que se mantuvo fiel a la herencia medieval del absolutismo, de la economía señorial y servil, y del predominio del dogma religioso .El rumbo de la otra América no lo decidió ella sino que en gran parte fue la consecuencia de decisiones que coincidieron casi con su nacimiento. Por los resultados de la jornada de Villalar, tan remota en el tiempo y en el espacio, no tuvo gobierno representativo; por la dieta de Worms y por la política de la Casa de Austria en el siglo XVII no participó en el nacimiento del capitalismo industrial, en el desarrollo de la investigación científica y en la formulación del pensamiento racionalista.

  En gran parte las dificultades de su historia han derivado de la necesidad de nadar contra la corriente, frente a la gravitación de esos hechos decisivos que le fueron legados, en busca de una posibilidad desesperada de incorporarse a otra historia y a otro tiempo. La antinomia entre el alma heredada y la necesidad vital de estar al día con el mundo del progreso, explica muchas de sus contradicciones. Mientras Carlos II montaba un anacrónico Auto de Fe en la Plaza Mayor de Madrid para celebrar sus bodas con el pasado, se escribía en La Haya el Discurso del método, se fundaban la Royal Society y el Banco de Inglaterra en Londres y se formulaba la física de Newton. Desde entonces la brecha no ha disminuido y es de ese angustioso tamaño el salto contra el tiempo que los pueblos de herencia hispánica tienen que intentar. O el tiempo cambia o cambiamos nosotros.

  Intentar dar ese salto por sobre la mentalidad heredada ha sido el fermento de la inquietud revolucionaria del mundo hispanoamericano, por lo menos desde el siglo XVIII. Los criollos descubrieron pronto el racionalismo, el progreso científico y el brillo de «las luces». Al través del ejemplo de la América Inglesa, de los viajes y de los libros que llegaban junto con el contrabando desde las islas herejes se abrió un ansia de ponerse al día y de repudiar el pasado. Voces nuevas, ideas nuevas, nuevas utopías para reemplazar las ya olvidadas comienzan a aparecer. Fueron precisamente los hijos y herederos de los privilegios de la conquista los que más activamente se lanzaron por la vía de la revolución. José Domingo Díaz, un monárquico venezolano, contemporáneo de la independencia, pudo escribir con asombro en su libro Recuerdos sobre la rebelión de Caracas: «Allí por la primera vez se vio una revolución tramada y ejecutada por las personas que más tenían que perder». Ahora, con su nombre equívoco, con sus contradicciones no resueltas, con su ansia de futuro y de absoluto, con su carga de irracionalidad desafiante, la otra América ha entrado a la más inesperada y exigente edad que el planeta haya conocido.

  En medio de la más grande y veloz transformación de todas las relaciones de valor y de cambio, en un confuso panorama de nuevas y crecientes posibilidades de utopía y de riesgo, la vieja tierra de utopía y de riesgo tiene que repensar su destino y prepararse para un futuro que resulte conciliable con sus visiones. Se forman nuevos y grandes centros de poder en una dimensión y con unas consecuencias que el pasado nunca conoció. Ya no son los acorazados y los batallones de las viejas potencias coloniales. Estamos viviendo en la bipolaridad nuclear, en la Guerra Fría, en las nuevas formas de poder representadas por el monopolio tecnológico y por las inabarcables empresas transnacionales. Ahora vemos surgir la posibilidad de nuevas concentraciones de poderío. Ya no son sólo los Estados Unidos y la Unión Soviética con sus respectivos aledaños de predominio, sino que se mira claramente resurgir la suma de poder de una Europa unificada, el Japón aparece como el mayor centro de poder tecnológico e industrial de Asia y no puede descartarse la posibilidad de una alianza de naciones de cultura anglosajona que podría comprender los Estados Unidos, el Canadá, África del Sur, Australia y Nueva Zelanda, a la que en alguna forma tendría que pertenecer la Gran Bretaña. Algún día encontrará formas de unidad el África Negra y el destino de China e India se formalizará ante el Japón. En ese mundo que viene de la creciente concentración y avance desigual del poderío tecnológico y económico, ¿qué papel va a desempeñar la América Latina?

  Para apreciar esa posibilidad habría que considerarla en conjunto como una inmensa suma de espacio geográfico, de recursos naturales de todas clases, de climas y bosques y aguas y de humanidad. Una de las más grandes masas geográficas del planeta, una suma extraordinariamente homogénea de unidad cultural, que podría constituir una de las más unificadas concentraciones humanas del mundo por venir.

  Hoy es el español el habla materna de más de doscientos millones de seres, numéricamente es la tercera lengua del mundo después del chino y del inglés. Si sumamos los pueblos de lengua castellana y portuguesa, cuya barrera lingüística es muy tenue, representaría más de trescientos millones, lo que los convertiría en la segunda comunidad lingüística del mundo actual. Hay ciertamente la posibilidad de una gran suma potencial de poder en el mundo hispánico. La orgánica complementación de sus recursos humanos y naturales, facilitada por su comunidad cultural y lingüística, podría crear las bases para uno de los centros importantes de poderío mundial en el mundo de mañana.

  El mundo hispánico ha experimentado grandes momentos de toma de conciencia, en los que ha parecido sentir algún oscuro y poderoso llamado del destino. La formación del Nuevo Mundo fue una de esas horas. Todavía no hemos valorado debidamente todo lo que significó la extensión cuantitativa del espacio político, económico y cultural, ni menos aún las alteraciones cualitativas que el hecho introdujo en los valores y en las concepciones. Lo fue también la Guerra de la Independencia. La de la Independencia española y la hispanoamericana, que son dos manifestaciones de un mismo fenómeno. Se había roto el final vestigio del mito patrimonial de la Corona española, se había detenido el flujo inerte de la tradición y los pueblos tuvieron que enfrentarse a nuevas circunstancias. Hay todo un parentesco espiritual y una coincidencia de sentido en la actualidad y en los propósitos coetáneos y conformes que animaron sucesivamente a Aranda, Miranda, Jovellanos, Bolívar y Riego. Una hora de la historia de occidente exigía respuesta adecuada y pronta del mundo hispánico. El vasto y múltiple fenómeno que a fines del siglo XIX provoca toda una angustiada y profunda revaluación del pasado y una búsqueda del porvenir en el pensamiento y en las letras de lengua castellana y que representan hombres tan separados en el espacio, pero no en el sentido y en el sentimiento, como Martí, Ganivet, Unamuno, Darío y Rodó es otra de esas horas. Lo que en España se llama la generación del 98 y lo que en América se conoce como el movimiento modernista constituyen reacciones espontáneas y análogas frente a una circunstancia común.

  No se ha evaluado todavía todo lo que significó en participación moral y en angustia espiritual la guerra civil española en toda Hispanoamérica. Era sentida como un nuevo episodio trágico de la vieja herencia y de la vieja vocación común.

  Estamos ahora en otro tiempo similar. Se forman grandes concentraciones de poder mundial. El poderío científico y tecnológico, que es a la vez la base en nuestros días del predominio económico, militar y político, con todas sus implicaciones, se va concentrando en los países anglosajones, en la Unión Soviética y su familia de satélites y en el Japón. ¿Qué va a hacer el mundo hispánico? Girar pasiva y estérilmente en alguna órbita de poder ajeno o reunir sus recursos y sus fuerzas en una suma eficaz para entrar a dialogar a parte entera en el drama de la creación del futuro de la humanidad. Decir como en la trágica «boutade» de Unamuno: «que inventen ellos», o ponernos a inventar nosotros. No es tiempo para optimismos ni tampoco para pesimismos, sino para un realismo frío y ponderado que inventaríe recursos y defina posibilidades prácticas. La otra América, que no es sólo otra por ser distinta a la anglosajona, sino por la necesidad de renovar y redefinir su presente y por su voluntad de futuro y la otra España, que ha de surgir, no tienen posibilidad mayor que la de unir y sumar conscientemente para el futuro lo que hasta ahora no es sino tácito rezago y herencia yacente del pasado común. El tiempo nos llama.


Critica "La otra América"

  Arturo Uslar Pietri nos transmitir un único mensaje en este ensayo, el cual sería que Estados Unidos tiene de alguna apropiado el nombre “Americano” por el simple hecho de que si tu mencionas a un americano lo primero que se te vendría a la mente es a un ciudadano de EE. UU, esto se debe porque l0s estadounidenses sabe no dudan a la hora de cuando se les pregunta ¿Quién son? En cambio, a los latinoamericanos nos cuesta responder a esa pregunta y es por eso que se ha tenido que crear otro nombre que nos identifique y diferencien de los americanos.

  Hoy en día estas situaciones se siguen presentando muy seguido ya que con el dicho “América para los Americanos” da a entender muchas ideas erróneas, esto ocurre ya que tiempo atrás desde la época donde Latinoamérica empezaba a librarse de la mano esclavizadora europea, cuando se firmó el manifiesto de Cartagena Simón Bolívar se tocó el tema de diferenciar a toda Hispanoamérica con un nombre diferente a América, de ahí en adelante ha nacido la idea de que al mencionar a “América” te refieres a los Norte americano. Esto es algo que aún sigue vigente en la actualidad como ya antes mencionado.


"Arturo Uslar Pietri - La inteligencia y Venezuela"

https://www.youtube.com/watch?v=VLSz94NJSH8&t=1s


"El comunismo y el Marxismo Explicado por Auturo Uslar Pietri"

https://www.youtube.com/watch?v=owa2BeQstS0&t=3s


"La Historia de Venezuela, según Arturo Uslar Pietri"

https://www.youtube.com/watch?v=kfrc4uRgmY4&t=3s


"Charlando con Cervantes - Arturo Uslar Pietri"

https://www.youtube.com/watch?v=gQo2aWvNz5g&t=167s


JOSÉ MARTÍ

jose marti


El poeta y periodista José Martí pasó su corta vida luchando por la independencia de Cuba.
A veces llamado el Apóstol de la Revolución Cubana, José Martí nació en La Habana en 1853. Mostró talento para la escritura y la política revolucionaria a una edad temprana. La famosa canción patriótica “Guantanamera” es una adaptación de su colección de poesía Versos Sencillos y ganó mayor popularidad en 1963 cuando fue grabada por el cantante folk Pete Seeger. Primero exiliado de Cuba en 1871, Martí pasó la mayor parte de su vida en el extranjero. En 1895, regresó a Cuba para luchar por su independencia y murió en el campo de batalla.

  Un revolucionario de nacimiento, José Martí nació de padres inmigrantes españoles pobres en La Habana, Cuba, el 28 de enero de 1853. Demostrando habilidades artísticas naturales desde una edad temprana, originalmente realizó estudios de pintura antes de dedicar sus energías a la escritura. Para cuando tenía 16 años, su poesía y otros trabajos aparecían impresos.

  Al mismo tiempo que estaba desarrollando sus talentos literarios, Martí también estaba formando su conciencia política. Le apasionaban los crecientes esfuerzos revolucionarios por liberar a Cuba de España, conocida como la Guerra de los Diez Años, y pronto dedicó sus habilidades como escritor a promover la causa. Con ese fin, en 1869 Martí creó el periódico La Patria Libre, en el que publicó varios poemas significativos, incluido el dramático “Abdala”, en el que describió la liberación de un país imaginario.

  En el exilio, ese mismo año, las críticas de Martí al gobierno español llevaron a su arresto. Inicialmente fue condenado a seis años de trabajos forzados, pero en 1871 fue liberado y deportado a España. Allí Martí publicó el folleto Encarcelamiento político en Cuba, describiendo el duro trato que había recibido en la cárcel. Mientras publicaba sus escritos políticos, también amplió su educación, estudiando derecho en la Universidad Central de Madrid y más tarde en la Universidad de Zaragoza, donde completó su licenciatura en 1874.

  En 1875, Martí se mudó a México, donde continuó su campaña por la independencia de Cuba. Contribuyó a varios periódicos allí y se involucró en la comunidad artística de la Ciudad de México. Pero pronto se desilusionó con el gobierno del país y se mudó a Guatemala en 1877. Martí se convirtió en profesor en la Universidad Nacional, donde enseñó literatura, historia y filosofía. También se casó con Carmen Zayas Bazán.

  Nuestra América, cuando la Guerra de los Diez Años terminó con una amnistía general en 1878, Martí y Carmen regresaron a Cuba, donde tuvieron un hijo, José, ese noviembre. Inicialmente, Martí intentó ejercer la abogacía, pero el gobierno no lo permitió y se vio obligado a buscar trabajo como maestro. Sin embargo, al año siguiente, después de que los agricultores, los esclavos y otros chocaron con las tropas españolas en Santiago de Cuba, Martí fue arrestado y acusado de conspiración, lo que obligó una vez más al escritor revolucionario a abandonar su patria.

  Después de andanzas que incluyeron estadías en Francia y Venezuela, para 1881, Martí se había establecido en la ciudad de Nueva York, donde escribió en inglés y español para varios periódicos, incluida una columna regular para La Nación en Buenos Aires. Abordando una variedad de temas, Martí fue tan hábil en los comentarios sociales y políticos como lo fue en la crítica literaria. Escribió ensayos bien recibidos sobre poetas como Walt Whitman, y compartió sus impresiones de los Estados Unidos como corresponsal. En uno de sus ensayos más famosos, “Nuestra América” ​​(1881), hizo un llamamiento para que los países de América Latina se unan. También sugirió que estos países aprendan de los Estados Unidos, pero establezcan gobiernos basados ​​en sus propias culturas y necesidades. También continuó escribiendo y publicando poesía durante este tiempo, incluidas las colecciones Ismaelillo (1882) y Versos Sencillos (1891).

  Además de escribir, Martí trabajó como diplomático para varias naciones latinoamericanas, sirviendo como cónsul para Uruguay, Paraguay y Argentina. Sin embargo, nunca se olvidó de Cuba durante su tiempo en el extranjero. Viajando por los Estados Unidos, Martí desarrolló lazos con otros cubanos que viven en el exilio.

  El patriota, en 1892, Martí se convirtió en delegado del Partido Revolucionario Cubano y comenzó a desarrollar planes para invadir su patria. Entre sus ideas para un nuevo gobierno cubano, Martí procuró evitar que una clase o grupo tomara el control total del país. También quería derrocar al liderazgo existente rápidamente, para evitar que Estados Unidos interviniera en el asunto. Si bien admiraba mucho de Estados Unidos, a Martí le preocupaba que el vecino del norte de Cuba tratara de apoderarse de la isla.

  Martí pronto unió fuerzas con dos generales nacionalistas de la Guerra de los Diez Años, Máximo Gómez y Antonio Maceo, y recaudó fondos de exiliados cubanos y organizaciones políticas para apoyar sus esfuerzos. El 31 de enero de 1895, Martí salió de la ciudad de Nueva York para dirigirse a Cuba, donde él y sus partidarios llegaron el 11 de abril para comenzar su lucha. Martí fue asesinado a tiros por las tropas españolas en Dos Ríos el 19 de mayo.

  A través de su vida y sus escritos, Martí sirvió de inspiración para los revolucionarios de todo el mundo. El líder cubano Fidel Castro lo ha nombrado como una influencia importante en su propia revolución en Cuba décadas más tarde. Martí ahora es considerado un héroe nacional en Cuba y es honrado por una estatua conmemorativa en la Plaza de la Revolución en La Habana, así como por el aeropuerto internacional que lleva su nombre. La popular canción patriótica popular “Guantanamera” presenta letras adaptadas de sus Versos Sencillos y más tarde se hizo famosa cuando fue grabada por el cantante estadounidense Pete Seeger


Algunas de sus obras más resaltan tes fueron:

1869 enero: Abdala

1869 enero: "10 de octubre"

1871: El presidio político en Cuba

1873: La República Española ante la revolución cubana

1875: Amor con amor se paga

1882: Ismaelillo

1882 febrero: Ryan vs. Sullivan

1882 febrero: Un incendio

1882 julio: El ajusticiamiento de Guiteau

1883 enero: "Batallas de la Paz"

1883 marzo: " Que son graneros humanos"

1883 marzo: Karl Marx ha muerto

1883 marzo: El Puente de Brooklyn

1883 septiembre: "En Coney Island se vacía Nueva York"

1883 diciembre: "Los políticos de oficio"

1883 diciembre: "Bufalo Bil"

1884 abril: "Los caminadores"

1884 noviembre: norteamericanos

1884 noviembre: El juego de pelota de pies

1885: Amistad funesta

1885 enero: Teatro en Nueva York

1885 marzo: "Una gran rosa de bronce encendida"

1885 marzo: Los fundadores de la constitución

1885 junio: "Somos pueblo original"

1885 agosto: "Los políticos tiene sus púgiles"

1886 mayo: Las revueltas anarquistas de Chicago

1886 septiembre: " La enseñanza"

1891 enero: " Nuestra América"

1899: " La edad de oro"


la edad de oro   nuestra america 


  ismaelillo   norteamericanos


Ensayo de José Martí 


Critica de “Maestros Ambulantes”

  José Martí; Este gran escritor cubano en su texto “Los maestros ambulantes” propone sacar la escuela de las instituciones y llevarla a los campos, a la vida práctica, al campesino. Se podría decir que, para su tiempo, son ideas renovadoras que podrían verse como desafiantes porque se acerca mucho más al ser humano y su trabajo.

  El autor además se refiere a valores humanos como la libertad y al derecho que tiene el ser humano a gozar de los beneficios de su trabajo, pero a la vez expone que el hombre debe conocer la compasión, la paz, la mansedumbre, la generosidad. Así dice en uno de los párrafos: “aquel que se da, crece; y el que se repliega en sí, y vive de pequeños goces, y teme partirlos con los de más, y sólo piensa avariciosamente en beneficiar sus apetitos, se va trocando de hombre en soledad”. A su criterio el individuo crece cuando aprende algo, posee algo y cuando ha hecho algún bien.

  Llevar los maestros a los campos es lo que propone Martí, para que enseñen a los campesinos, pero más allá de complicadas teorías y conocimientos académicos para que los nutran de valores. Al respecto comenta “Es necesario hacer de cada hombre una antorcha”. El autor comenta que los campesinos al ver a los maestros llegar a los campos se sentirían felices, sería como una invasión dulce, porque el maestro les enseñaría de modo suave cosas prácticas y provechosas y no serían pedagogos sino conversadores. Sin duda Martí proponía darle un cambio total a la forma de enseñar. Sobre esto decía en su texto “Y en campos como en ciudades, urge sustituir al conocimiento indirecto y estéril de los libros, el conocimiento directo y fecundo de la naturaleza”. 

                Hoy en dia, en la actualidad que se vive, si hay muchos profesores y personas que no son profesores profesionales pero estan yendo a los campos para enseñar a las personas que los necesitan, esto quiere decir que si presenta vigencia lo que plantea José Martí en la actualidad. 


https://www.youtube.com/watch?v=raaWcsCHWCs&t=76s

" José Martí- Serie Maestros de América Latina"


https://www.youtube.com/watch?v=cpZPOLQRSAQ&t=114s

"Historia de vida de José Martí"


https://www.youtube.com/watch?v=TkvUTuglYAo&t=326s

 "El pensamiento de José Martí"


EDUARDO GALEANO

eduardo galeano  


         Eduardo Germán Hughes Galeano nació en Montevideo el 3 de septiembre de 1940, era hijo de Eduardo Hughes Roosen y de Licia Ester Galeano Muñoz, de quien tomó el apellido para firmar como escritor o periodista.

  Cuando era un adolescente comenzó a publicar caricaturas para El Sol, un periódico socialista en Uruguay, con el seudónimo de "Gius", también fue obrero en una fábrica de insecticidas y pintor de carteles entre otros oficios, a pesar de provenir de una familia de la clase alta.

  Se inició como periodista a comienzos de 1960 como editor del semanario Marcha y del diario Época luego del golpe de Estado en su país del 27 de junio de 1963 fue encarcelado y posteriormente se instaló en la Argentina.

  Una década después fue el director de la revista cultural y política Crisis, fundada por Federico Vogelius (1919-1986): "Fue un largo acto de fe en la palabra humana solidaria y creadora (...) Por creer en la palabra, en esa palabra, Crisis eligió el silencio. Cuando la dictadura militar le impidió decir lo que tenía que decir, se negó a seguir hablando", dijo al cierre en agosto de 1976.

  Ese mismo año, su nombre integró la lista de condenados por la dictadura militar argentina, presidida por Jorge Rafael Videla, y viajó a España. Allí escribió la trilogía "Memoria del fuego" (Los nacimientos, 1982; Las caras y las máscaras, 1984, y El siglo del viento, 1986) donde revisita la historia del continente latinoamericano.

  El uruguayo estuvo casado con Silvia Brando, con quien tuvo una hija, Verónica Hughes Brando; luego, con Graciela Berro Rovira, con quien tuvo dos hijos: Florencia y Claudio Hughes Berro y por último con Helena Villagra.

  En 1985 regresó a Montevideo cuando Julio Marí­a Sanguinetti asumió la presidencia del país por medio de elecciones democráticas, junto a Mario Benedetti, Hugo Alfaro, entre otros fundan el semanario Brecha. Y luego su propia editorial El Chanchito. Además, integró la "Comisión Nacional Pro Referéndum" (entre 1987-1989), constituida para revocar la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, promulgada en diciembre de 1986 para impedir el juzgamiento de los crí­menes cometidos durante la dictadura militar en su paí­­s (1973-1985).

  En enero de 2006, Galeano se unió a figuras internacionales como Gabriel García Márquez, Mario Benedetti, Ernesto Sabato, Thiago de Mello y Carlos Monsiváis, en la demanda de soberanía para Puerto Rico. Además, firmaron en la proclamación de independencia del país. En 2007 le diagnosticaron un cáncer de pulmón, pero fue operado rápidamente y el diagnóstico precoz hizo que no tuviera ninguna secuela de esa enfermedad.

  El presidente venezolano Hugo Chávez -en abril de 2009- entregó una copia de "Las Venas Abiertas de América Latina" -libro que fue prohibido en su momento por varias dictaduras latinoamericanas- al presidente estadounidense Barack Obama durante la quinta Cumbre de las Américas, celebrada en Puerto España, Trinidad y Tobago.

  Por su obra, Galeano fue galardonado con el Premio Casa de las Américas 1975, 1978; Premio del Ministerio de Cultura del Uruguay 1982, 1984, 1986, American Book Award 1989, Premio Stig Dagerman 2010 y Premio Alba de las letras 2013. En ocasión de recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de La Habana en 2001, el escritor dijo: "He amado a esta isla de la única manera que es, digna de fe, con sus luces y sombras", mientras que el jurado definió con certeza al escritor y periodista como "un recuperador de la memoria real y colectiva sudamericana y un cronista de su tiempo".

eduardo galeano 2


Algunas de sus obras más resaltantes fueron:

1963: Los días siguientes.

1967: Guatemala, país ocupado.

1971: Las venas abiertas de América Latina.

1980: La Canción de nosotros. 

1982-86: Memoria del fuego.

1989: El libro de los abrazos. 

1995: El fútbol a sol y sombra. 

1998: Patas arriba: Escuela del mundo al revés. 

2008: Espejos. 

2011: Los hijos de los días. 

el libro de los brazos   los hijos de los dias 


 memoria de fuego   las venas abiertas


"Creo en mi oficio; creo en mi instrumento"

  Creo en mi oficio; creo en mi instrumento. Nunca pude entender por qué escriben los

escritores que mientras tanto declaran tan campantes, que escribir no tiene sentido en

un mundo donde la gente muere de hambre. Tampoco pude nunca entender a los que

convierten a la palabra es un arma, y puede ser usada para bien o para mal: la culpa

del crimen nunca es del cuchillo.

  Creo que una función primordial de la literatura latinoamericana actual consiste en

rescatar la palabra, usada y abusada con impunidad y frecuencia para impedir o

traicionar la comunicación. “Libertad” es, en mi país, el nombre de una cárcel para

presos políticos y “Democracia” se llaman varios regímenes de terror; la palabra

“Amor” define la relación del hombre con su automóvil y por “revolución” se entiende

lo que un nuevo detergente puede hacer en su cocina; la “Gloria” es algo que produce

un jabón suave de determinada marca y la “Felicidad” una sensación que da comer

salchichas. “País en paz” significa, en muchos lugares de américa latina “Cementerio en

orden”, y donde dice “hombre sano” habría que leer a veces “hombre importante”.

  Escribiendo es posible ofrecer, a pesar de la persecución y la censura, el testimonio de

nuestro tiempo y nuestra gente para ahora y después. Se puede escribir como

diciendo, en cierto modo: “estamos aquí, aquí estuvimos; somos así, así fuimos”.

Lentamente va cobrando fuerza y forma, en América Latina, una literatura que no

ayuda a los demás a dormir, sino que les quita el sueño; que no se propone enterrar a

nuestros muertos, sino perpetuados; que se niega a barrer las cenizas y procura, en

cambio, encender el fuego. Esa literatura continúa y enriquece una formidable

tradición de palabras peleadoras. Si es mejor, como creemos, la esperanza que la

nostalgia, quizás esa literatura naciente pueda llegar a merecer la belleza de las fuerzas

sociales que tarde o temprano, por las buenas o por las malas, cambiaran radicalmente

el curso de nuestra historia. Y quizás ayude a guardar para los jóvenes que vienen,

como quería el poeta, “el verdadero nombre de cada cosa”.


Critica: “Creo en mi oficio; creo en mi instrumento”

  Eduardo Galeano nos explica que la literatura ha sido usada con propósitos perversos donde varias personas quieren usar las mismas palabras como un arma próximamente da a entender que el arte de la palabrería latinoamericana tiene como objetivo devolver los verdaderos significados a las palabras como por ejemplo los discursos de los políticos que prometen una democracia y terminan siendo un régimen autoritario y dictatorial. Hoy en día, se evidencia más que nunca que el mundo está sumergido en una mentira, países donde dicen que existe “libertad” hay presos políticos, un amor hacia lo material donde a veces se ama de manera enfermiza a los bienes o que al haber un “país en paz” simplemente es un cementerio que está en calma.  Galeano tiene toda la razón, vivimos en un mundo corrompido y lleno de maldad donde nos levantamos en un día lleno de mentiras que un cierto grupo quiere que se mantenga infundiendo miedo para que las mismas personas no puedan reaccionar por sí solas así, pero gracias a la misma literatura se puede desmentir ciertas cosas que uno creía veraces, pero a la vez la misma palabrería tendría como finalidad mantener esa mentira que se observa en la vida cotidiana. 


"Biografía Eduardo Galeano"

https://www.youtube.com/watch?v=3bQfMAzQN9g&t=60s


Eduardo Galeano leyendo fragmentos de "Las palabras andantes" y "El libro de los abrazos"

https://www.youtube.com/watch?v=ZASA0mglIp4&t=13s


Eduardo Galeano habla de su obra "Las Venas Abiertas de América Latina"

https://www.youtube.com/watch?v=OuZyNDw36mE


Referencias

“Arturo Uslar Pietri”

https://es.wikipedia.org/wiki/Arturo_Uslar_Pietri


“Bibliografías y vidas”

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/u/uslar.htm


 “Imágenes”

https://www.google.co.ve/search?q=arturo+uslar+pietri+libros&safe=active&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwi--eHh3urZAhVDq1MKHSTdBn8Q_AUICigB&biw=1366&bih=588


“Eduardo Galeano”

https://www.escritores.org/biografias/374-eduardo-galeano


https://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Galeano


“Bibliografías y vidas”

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/galeano.htm


“Imágenes”

https://www.google.co.ve/search?q=eduardo+galeano+libros&safe=active&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwi55uiT3-rZAhUB7VMKHTtuD1oQ_AUICigB&biw=1366&bih=588


 “José Martí”

https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Mart%C3%AD


 “Imágenes”

https://www.google.co.ve/search?q=jose+marti+libros&safe=active&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwjJ6aWX3-rZAhUFu1MKHYzfAJcQ_AUICigB


“Bibliografías y vidas”

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/marti.htm


“Ensayos”


“Maestros ambulantes”

http://www.biblioteca.org.ar/libros/1139.pdf


"La otra América" 

http://barricadaletrahispanic.blogspot.com/2011/11/la-otra-america-arturo-uslar-pietri.html


"Creo en oficio, creo en mi trabajo"

http://jorpy.weebly.com/uploads/4/5/2/6/45262191/cultura_del_miedo.pdf


“videos”

https://www.youtube.com/

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